Cuarenta y seis años como socio del club, cuatro títulos consecutivos del ‘Open Tenis Cordillera’ y el puesto 551 del ranking mundial ITF en categoría +50 son solo algunos de los hitos de Víctor Villanueva, uno de esos socios que encarnan la historia viva del Club Cordillera. Llegó con apenas cinco años de la mano de su padre y, desde entonces, no ha dejado de crecer dentro y fuera de la pista. Hoy, con 51 años y en uno de sus mejores momentos deportivos, hablamos con él sobre tenis y mucho más.
Para quien no te conozca todavía, ¿quién es Víctor Villanueva dentro y fuera de la pista?
Soy una persona sencilla y tranquila, que valora mucho la amistad y que se enamoró del tenis desde el primer día que pisó este club. Dentro de la pista, me considero un luchador incansable que da el máximo en cada entrenamiento y en cada partido.
46 años como socio del Club Cordillera… prácticamente toda una vida aquí. ¿Qué significa el club para ti?
El Club Cordillera forma parte de mi vida desde que tengo uso de razón. Salvo algunas épocas muy puntuales, el club ha estado presente siempre en nuestra familia y ahora también en la mía propia, con mi mujer e hijos. Además, supuso una vía de escape muy importante: crecimos en una zona algo conflictiva y el club fue un refugio donde alejarse de la calle. Como decía mi padre, Juan Villanueva —que en paz descanse—, el Cordillera fue una de las mejores inversiones que hizo en su vida.
Entraste con apenas 5 años. ¿Qué recuerdos tienes de tus primeros años en el Cordillera?
Sin duda, todos son recuerdos entrañables: los primeros amigos, que sin saberlo se convertirían en casi hermanos (mención especial a uno de mis mejores amigos de aquella época, Rubén Verdú, que por desgracia ya no está con nosotros), los primeros “amores”, los primeros veranos con piscina -algo totalmente nuevo para nosotros-…
Casi todas las primeras veces de algo ocurrieron allí; pasábamos muchas horas en el club a diario, a veces más que en casa.




¿Siempre tuviste claro que el tenis iba a ser ‘tu deporte‘?
Sí. Desde los 7 años, cuando empecé en la escuela de tenis, tuve claro que era el deporte que mejor se me iba a dar. No destacaba especialmente en fútbol ni en baloncesto, que eran, junto con el tenis, las opciones de entonces. Así que muy pronto lo tuve claro: el tenis era lo mío.
Aunque ahora estés viviendo una gran etapa en veteranos, ya desde joven destacabas llegando lejos en torneos importantes. ¿Cómo recuerdas aquella época?
Se recuerda con mucha añoranza. Las salidas en la furgoneta del club con los compañeros, los fines de semana intensos de tenis, la competición de los torneos, los nervios en las rondas finales… Sin duda, están entre los mejores recuerdos de mi infancia.
En su día, el club te concedió una wildcard para jugar un Challenger junior. ¿Qué supuso para ti vivir una experiencia así?
La recuerdo, sobre todo, como una especie de premio, porque ese torneo se escapaba un poco del nivel que tenía entonces. Aun así, fue una experiencia increíble poder jugar con tenistas que todavía no eran profesionales, pero cuyo nivel se le acercaba mucho. No hace falta decir que caí eliminado en las primeras rondas, pero volví muy satisfecho de haberlo dado todo en pista.
¿Qué diferencia hay entre el Víctor jugador de hace 30 años y el de ahora?
Lo tengo bastante claro: la cabeza. Cuando eres joven, todo es mucho más visceral e impulsivo. Con los años vas aprendiendo a gestionar la frustración y a canalizarla de forma positiva. Hoy es muy raro que me veas enfadado en un partido, por muy mal que me esté yendo. Intento mantenerme siempre positivo.




Vienes de ganar tu cuarto Open Cordillera consecutivo. ¿Qué tiene este torneo de especial para ti?
Soy una persona muy ligada al club e intento participar siempre en todos sus eventos, especialmente en los torneos sociales de tenis. Se respira un ambiente excelente entre compañeros y amigos de toda la vida. Mientras el cuerpo me lo permita, seguiré participando. Y a juzgar por los resultados, se ha convertido en mi torneo favorito, ya que suele irme bastante bien.
Ocho torneos ganados entre 2025 y 2026. ¿Dirías que estás viviendo uno de los mejores momentos de tu carrera deportiva?
Así lo creo. Quizás esté obteniendo ahora, en la categoría de veteranos, mejores resultados que en épocas anteriores. Sin la presión de cuando era más joven, todo resulta más ameno y disfruto mucho más del juego.
Incluso hace aproximadamente un año y medio me atreví a participar en torneos internacionales ITF de veteranos y, aunque lejos de los mejores, estoy muy satisfecho de ocupar en este momento el puesto n.º 551 del mundo en la categoría +50.
¿Qué se siente al seguir compitiendo y ganando al nivel que lo haces con 51 años?
La verdad es que es un orgullo poder seguir compitiendo a este nivel. Dejando a un lado los resultados, estoy muy contento de poder practicar el deporte que tanto me apasiona y de tener la suerte de no haber sufrido ninguna lesión grave que me impida jugar. De momento, en ese aspecto tengo mucha suerte y espero que así continúe durante mucho tiempo.
¿Cómo entrenas o te cuidas actualmente para mantener ese nivel competitivo?
Es cierto que hay que cuidarse si quieres practicar tenis a un nivel exigente, y más a esta edad. No sigo ninguna rutina definida, pero sí cuido algunas cosas básicas del día a día: una buena alimentación, comer de todo con moderación, no fumar y no consumir alcohol. Además, tengo la suerte de contar con una genética que me permite mantener un peso estable, lo cual también influye bastante.




Este año, te has proclamado campeón regional con el equipo +35 del club. ¿Qué tiene de especial competir representando al Cordillera?
Competir representando al club en el que he pasado toda mi vida es, sin duda, un orgullo. Además, estoy muy agradecido de que sigan contando conmigo. Mientras el físico me lo permita, ahí estaré.
Después de tantos años aquí, ¿qué crees que tiene el Club Cordillera diferente respecto a otros clubes?
Es una buena pregunta. Podría dar una respuesta más objetiva si hubiera pertenecido a otro club, pero soy del Cordillera desde pequeño, así que me cuesta comparar. Lo que sí puedo decir, basándome en lo que comenta gente que ha venido de otros clubes, es que el Cordillera cuenta con dos grandes cualidades: su ubicación privilegiada, apartada del centro de la ciudad, que transmite mucha tranquilidad; y el ambiente familiar que se respira en él.
¿Qué consejo le darías a los niños y jóvenes del club que empiezan ahora a competir?
Mucha paciencia, esfuerzo y dedicación, y que no dejen de darse oportunidades. El deporte de competición es duro y habrá que caer y levantarse muchas veces, pero eso forma parte del aprendizaje. El tenis, en particular, es un deporte muy mental y hay que estar preparado para los contratiempos. En cualquier caso, al final todo ese esfuerzo acaba dando sus frutos de una u otra manera.
Y para terminar… después de toda una vida en el Cordillera y tantos títulos conseguidos, ¿qué es lo que te sigue motivando a entrar a pista cada semana?
Simplemente la satisfacción de saber que todavía puedo competir a un nivel digno. Y para eso, tienes que amar mucho lo que haces. El tenis es, con diferencia, lo que más disfruto; es el único “vicio” que me permito.
Víctor, muchas gracias por tu tiempo y por compartir con nosotros tu historia. ¡Mucho éxito en los próximos torneos!
Gracias a vosotros. Es un placer poder hablar del club que me ha dado tanto.

