Y de pronto, llegó el último día.
Parece que fue ayer cuando comenzaron las primeras actividades, cuando algunos llegaron con un poco de nervios y otros ,con muchas ganas de pasarlo bien. En un abrir y cerrar de ojos, ya estábamos diciendo adiós, con abrazos, risas y hasta alguna lágrima escondida.
Durante estas seis semanas compartimos mucho más que juegos: compartimos momentos. Esos que se guardan en la cabeza y, sobre todo, en el corazón.
Nos mojamos en la piscina, corrimos bajo el sol, armamos equipos, pintamos, bailamos, exploramos, aprendimos… y también nos sorprendimos, porque cada día traía algo nuevo: un desafío, una idea, una risa inesperada o una amistad que empezaba sin darnos cuenta.
Vosotros, niños y niñas, hicisteis que cada día valiera la pena. Con vuestra energía, vuestras ideas locas, vuestras preguntas, vuestra amistad y vuestras ganas de pasarlo bien. Cada grupo tuvo su propia personalidad, su ritmo, sus bromas internas… y eso es lo que hizo que esta escuela de verano fuera única e inolvidable.
Ahora que terminó, solo queremos deciros: ¡gracias por tanto!
Y también: ¡el año que viene, repetiremos!

